Gabriel Penner
Hacia una crítica de la condición egodramática en el teatro
Hay momentos en donde toda actividad converge hacia una síntesis que define la llegada de una cultura hegemónica marcada por condiciones epocales y todo en el horizonte se vuelve repetitivo, unívoco, plano. Algo de esto hay en estos tiempos en el "mundo del teatro" que en sus diferentes "capas de producción" todo tiende a generar espectáculos centrados en historias personales, individuales, lo que podría denominarse "egodramas" o "dramas del yo". Se trata de obras encadenadas al ego protagonista que por lo general escribe, actúa y dirige la pieza, en donde la lógica unipersonal impone sus ritmos y temáticas, desarrollando una corriente mimética representativa de la vida. Estas construcciones egodramáticas están fundadas por la estética de la individualización en donde la fuente de toda acción y relato es el devenir del yo. En algunas ocasiones intentan utilizar ropajes para convertirse en documentos teatrales que buscan retomar la categoría de "teatro documento" o "teatro documental" pensada y experimentada por Erwin Piscator o Peter Weiss en el siglo XIX, pero centradas en las peripecias yoicas con interés en la fábula privada, un relato íntimo que se aleja de lo colectivo y se vuelve despolitizante. Hay una sustitución del "drama documental" sostenido en una dramaturgia de documentos políticos por una especie de "drama egocéntrico o egotista" que es alimentado por una dramaturgia de sucesos que encadenan la historia de una vida tomando la lógica y el formato del "biopic" constituido por el culto a la personalidad. Esta dramaturgia de acontecimientos íntimos para ser mostrados se sustenta en la "lógica de la extimidad" en donde todo lo personal tiene como imperativo la exposición. Al respecto resulta clave distinguir entre el concepto de "biodrama" plasmado por Vivi Tellas y este modo teatral que se impone y que hemos caracterizado como "egodramas" o "dramas egóticos". Si bien ambas plataformas escénicas se nutren de los vínculos entre realidad y ficción, y como otras modalidades por ejemplo los trabajos de Lola Arias, pertenecen a las investigaciones del territorio de lo que se postula como "teatro de lo real", la experiencia egodramática está sostenida en un proceso de hiperpersonalización asociado a lo que Giles Lipovetsky define en su libro "La era del vacío" como la estrategia narcisística determinante para las relaciones de la vida posmoderna. Por lo tanto estos ejemplos de obras están elaboradas para generar un espectáculo estructurado por un excesivo culto a la personalidad, en donde lo social y lo colectivo quedan corridos como registros y aparece en primer y único plano el relato-cuerpo yoico bajo su condición de Narciso planteando una catarsis escénica bajo un proceso de psicologización asfixiante. En este marco, las propuestas teatrales que estamos describiendo están organizadas como "espectáculos del yo" para ser consumidos como una mercancía capitalista que circula en lo que el filósofo Byung-Chul Han describe como "la agonía del Eros" devenida pauta cultural dominante que transcurre en sociedades narcisistas, agotadas, cansadas y alienadas por su propia imagen. Lo que hemos esbozado como "drama egótico" está caracterizado por el rasgo insoslayable de la cosificación de la historia personal para ser puesta en escena, constituyendo un espectáculo de sí mismo en donde el otro, el público, desaparece. Nada más y nada menos que piezas escénicas armadas para ahogarse en sus propios espejos. A partir de este excursus mínimo procuramos dejar una línea para reflexionar y establecer una crítica de la condición egodramática en el teatro.
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