Dramaturgia Material o cómo ir hacia un teatro de las cosas


Me propongo abordar una perspectiva dramatúrgica que, de diversas maneras han transitado y siguen haciéndolo, interesantes exponentes del mapa teatral mundial que son referentes ineludibles para investigar y experimentar una escritura en donde el foco de la producción escénica está puesto en la materialidad, de tal modo que “las cosas” sean el epicentro de las relaciones que conforman la escena. En este modus operandi la praxis escrita y su consecuente teatralidad está orientada por el universo de los objetos materiales que hacen las veces de vectores creativos y conductores de la acción. El interés dramatúrgico en estos casos se radicaliza y comienza a sostenerse a partir de “las condiciones materiales de existencia” que, más allá o más acá de lo postulado por Karl Marx en sus tesis filosóficas críticas del capitalismo, remite al marco de relaciones concretas que las cosas, objetos, materiales y máquinas (COMM) generan para la escritura teatral. Se escribe para desarrollar un teatro de condición material, contundente, donde se prioriza la potencia objetual. Al respecto podemos hacer algunas preguntas que permiten expandir este pensamiento: ¿Qué dicen las cosas? ¿Cómo lo hacen? ¿Cómo es su lengua? ¿Cómo se mueven? ¿Qué sucede en torno a ellas? ¿Cómo producen la escena? ¿Y el conflicto? Esto es solo el comienzo al cual se pueden agregar algunos etcéteras que pueden traducirse en más interrogantes. Escribir desde la materia eligiendo como nudo la influencia conceptual que emana de esta y sus posibilidades espectaculares. Sostener una dramaturgia material (DraMa) como proyecto es además procurar instalarse en lo maquínico para pensar el teatro y sus alrededores. Esta premisa de lo material-maquínico cae con todo el peso sobre nuestros cuerpos a partir de la impronta del trabajo de Heiner Müller. Entre Medea Material y Máquina Hamlet se encuentra todo un territorio de experimentación para ser aprovechado. Bucear en esas escrituras-partituras como en otras similares se impone para indagar lo que nos atraviesa en este excursus. Aquí conviene mencionar que existen diversas genealogías en donde se pueden encontrar artistas que intervinieron con disímiles posturas en relación con la temática de lo matérico. Ya sea desde las artes visuales como es el caso del "gesto Mutt" duchampiano hasta las búsquedas escénicas de Bertolt Brecht y Tadeusz Kantor marcando el siglo XX. A estas corrientes le podemos sumar poderosas expresiones que hacen de puente hacia el siglo XXI como el grupo El Periférico de Objetos de Argentina y más recientemente Microscopía Teatro de México, entre muchos ejemplos que se pueden estudiar sobre la cuestión objetual. Regresando a la propuesta que se está forjando en estas líneas, es fundamental comprender que quienes se internan en la "zona" estarán desarrollando una lógica de búsqueda explícita para escribir desde lo material y sus implicancias. Aquí me interesa romper el hilo que se viene planteando desde la música con una hermosa canción del Sr. Páez que susurra “movimiento las cosas tienen” y en esa frase se ve aparecer el fantasma cósico que se instala en esta perspectiva de creación. Decir fantasma es comprender este término como lo más real que existe, la condensación de lo real en los denominados COMM, como aquello que se encuentra en la dinámica entre lo presente y lo ausente. ¿Acaso se debería hablar de un "Teatro Fantasma"? ¿O quizás de una "Dramaturgia de las cosas y sus fantasmas"? Lo cierto es que se trataría de escribir desde la materia (cada cual elija su juego-lenguaje, "cosas", "objetos", "materiales", "máquinas") potenciando sus repercusiones en las características subjetivas de los personajes, en los cuerpos vivos, en los dispositivos, etc.; un ejercicio dramatúrgico que da relevancia a lo que podría expresarse como Das Ding escritural. Es definitivamente una Dramaturgia Orientada por las Cosas (DOC) un documento con vocación escénica motivado y organizado por lo corpo-objetual. De esta manera, todos los elementos que constituyen la arquitectura de la obra en tanto escritura, pero también sus dispositivos, personajes, acciones, tiempos, espacios y relaciones, son elaborados y cosidos por una pragmática material. Así, puede provocarse un teatro cuya potencia radica en un objeto u objetos no domesticados, entendidos como materiales indomables que poseen un carácter y un lenguaje autónomo; es esa imposibilidad de dominación de los COMM, esa situación inaprensible, lo que maximiza la experimentación y traza un campo fértil para la dramaturgia. Escribir a “golpes de objetos” para catalizar la energía escénica y en esa dimensión estética los COMM nos narran, nos relatan, nos discursivizan, inclusive con el silencio y la quietud, produciendo destellos de efectos relacionantes y teatralidad. Tomar partido por las cosas proponía el gran escritor Francis Ponge en su libro “Métodos” y esa es la apuesta que incorporamos al procedimiento de escritura dramática que se está explorando, concebir un método desde una poética material en donde desde el comienzo se observe un dispositivo de diseminación cósica que se despliegue escénicamente. La teatralidad emergente entonces es percutida por “la cosa” entendida como el acecho de lo real que es el conflicto de lo trágico según el ensayista Eduardo Grüner. Escribir teatro sí, pero dándole énfasis a los objetos-máquinas-materiales para que sean los protagonistas del acontecimiento. Todo proceso dramatúrgico de creación así caracterizado deviene un terreno de exploración donde las certezas estallan. Hacia eso nos dirigimos, nada más y nada menos, que hacia un teatro de las cosas.

Gabriel Penner







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