Apuntes sobre elTeatro Póvera



¿Qué significa producir un Teatro Póvera? ¿Cómo plantear un puente distintivo que esté alimentado por diferentes tradiciones artísticas y nos conduzca hacia el campo de acción del poverismo? ¿Es posible teatrar desde este enfoque en un mundo tecnocéntrico? ¿A qué deberíamos denominar poverismo escénico? ¿Existen artistas investigadorxs cuyos trabajos pueden reivindicarse dentro de la categoría de Teatro Material Póvera? A estos interrogantes se irán sumando otros tantos que servirán para demarcar el camino de reflexión. Una advertencia: estos apuntes son absolutamente incompletos y forman parte de un working progress. Como dato que lo constata es importante señalar que falta relevar para poner a consideración el trabajo de grandes artistas investigadorxs de Argentina y América Latina. Seguramente serán tenidos en cuenta en una investigación más amplia. Quedó dicho. Entonces, en principio dejemos planteado que en esta excursión textual seguimos argumentando en favor de operaciones que generen una teatralidad nutrida primordialmente de lo matérico-material, un circuito creacional sostenido en una poética de las cosas alimentada por un pensamiento dramatúrgico orientado por universos objetuales y sus derivados que en otras oportunidades hemos denominados como COMM (Cosas, Objetos, Materiales y Máquinas). En la continuidad de excursus anteriores, estamos posicionándonos en el territorio de una praxis escénica material retomando algunos aspectos críticos fundados en una filosofía orientada por objetos. Aquí podríamos esbozar que el "sendero Harman" de la denominada Triple O (Ontología Orientada por Objetos) nos conecta con diversas prácticas y manifiestos que son hitos históricos para tener en cuenta en el quehacer artístico teatral. Comencemos mencionando la influencia del teatro pobre propuesto por Jerzy Grotowski a partir del Laboratorio Teatral creado en 1959. Ese laboratorio experimental convertido en el Instituto de Investigación del Actor de la ciudad polaca de Wroclaw generó una revolución filosófica a suministrada por la importancia del actor en tanto cuerpo despojado. Tomamos este precedente para situarnos en torno a la idea de lo austero, y por qué no, en la búsqueda de una estética o ética de lo raído. En este punto podríamos también mencionar a Antonín Artaud y su giro crítico cultural desde la concepción de "El Teatro y su Doble". Tanto Artaud como Grotowski generaron operaciones de descentramientos que trituraron el pensamiento teatral previo desarrollado en Occidente. Sin embargo, estas teatralidades están fuera de lo que podríamos definir como el "campo objetual", son antecedentes potentes de la estética póvera, pero a-objetuales. Aquí estamos incursionando en lo póvera en tanto vinculación con la marca material. La deriva que transita las relaciones entre la teatralidad y las posibilidades cósicas y maquínicas viene de la mano de los artistas visuales del siglo XX. En primera instancia podemos resaltar la disrupción duchampiana con los "readymades" como un gesto artístico de reapropiación de objetos. De este modo se abren las compuertas para que todo objeto-cosa-material-máquina pueda operar como signo de intervención poético. Sí, Marcel Duchamp nos instaló en un campo artístico minado de objetos vanguardistas. Y desde ese momento se inicia un intercambio fecundo que va a ser radicalizado por Tadeusz Kantor quien desarrolló los conceptos de "realidad degradada" y de "objeto pobre" que están expresados en su "Manifiesto para el Teatro Cero" y que aquí consideramos como el punto nodal hacia el poverismo teatral con instancias objetualistas. El director polaco tenía en sus propuestas escénicas la incorporación de objetos de uso cotidiano que conformaban un repertorio. Son icónicas sus valijas, sillas, paraguas, entre otros elementos materiales que forman parte esencial de sus propuestas de montaje. Son objetos reales, pobres y en cierta medida inútiles, pero que funcionan como legitimantes de sus obras teatrales. Y otro aspecto central de la mirada kantoriana reside en que los objetos instalados en escena poseen una impronta de potencia subjetiva. Son objetos-sujetos pobres que conducen a una puesta póvera. Desde nuestra perspectiva Kantor podría ser considerado como el "punto cero" del poverismo materialista. Sus objetos para la escena no forman parte del "paisaje escenográfico", no son expuestos como utilería, sino que transitan como organismos vivos o bio-objetos. Para finalizar esta brevísima exposición sobre el creador de El Teatro de la Muerte, es relevante mencionar la figura antropomórfica del maniquí como objeto modélico y al mismo tiempo paria que será convocado para participar en sus obras-manifiestos Vale la pena decir que en próximos escritos nos daremos la tarea de generar una taxonomía impensada de objetos teatrales, todo un desafío imaginativo que requiere el estudio y repaso de las obras de variados artistas. Podríamos preguntarnos en este punto si la condición póvera ya quedó registrada por los devenires antes mencionados o falta esbozar otro registro que le otorgue nuevas posibilidades identitarias. Y entonces se necesita nombrar a un grupo de artistas en su mayoría italianos que a fines de la década del 60 se aglutinaron en torno a desechos, objetos destartalados, productos industriales, materiales de consumo. Algunos de ellos son Pistoletto, Merz, Boetti, Kounellis y siguen las firmas. Este "Arte Povera" que nos presta el nombre, se constituyó como un arte situado, atravesado por el contexto sociopolítico y el consumismo como pauta cultural. El poverismo reside esencialmente en el uso artístico de materiales que han sido descartados por la sociedad y que funcionan en torno al reciclaje. Existe en la corriente póvera de los 60-70 una pedagogía que cuestiona el dominio de lo efímero y anticipará la lucha contra las políticas de obsolescencia programada del mercado capitalista. He aquí la estocada definitiva para pensar un teatro material con orientación póvera. Estamos todos convidados a imaginar el mundo del poverismo y sus objetos escénicos.

Gabriel Penner


El improvisacionismo (Para leer escuchando a Jarrett)



Este excursus es sobre escritura, pero para llegar a ese territorio el camino nos conduce a la música y, más específicamente, al modo de crear-tocar música de Keith Jarrett. Es un texto que celebra los 50 años de un suceso artístico que cambió la historia para muchos músicos y melómanos, y que quedó registrado como "The Koln Concert". Así fue que la ciudad alemana de Colonia en 1975 se convirtió en el centro del mundo de la experiencia artística a partir de las manos de un ejecutante sin partitura. Nada podría definir mejor a este evento jarrettiano que el concepto de "improvisacionismo" en donde la obra va "apareciendo" a medida que se ejecuta, elaborando un viaje musical sostenido por repeticiones y variaciones en donde se cruzan espontaneidad y estructura. ¿Es posible escribir literatura desde esta "posición improvisacionista"? Aquí partimos de la idea de lanzarse a la escritura-música desde una partitura invisible que se va operando en cada instante, sobre la cual quien escribe ejecuta, generando vuelcos, marchas, deslices, devaneos, que constituyen el arte de la improvisación para enhebrar una obra impredecible. Este modus scribendi requiere una plasticidad tal que el texto se instala en la lógica de un acontecimiento instantáneo, feroz, cambiante, asimilable quizás a lo que el filósofo Paolo Virno denomina en su libro "Cuando el verbo se hace carne", el hablante como artista ejecutante. Lo que aquí interpretamos como improvisacionismo, partiendo del monumental concierto de Jarrett en una lluviosa noche de 1975 y que va a marcar un estilo para el jazz y la música toda, podría asociarse, yendo al campo literario, a un "escritor ejecutante" que hace la obra al mismo tiempo que escribe; de esta forma, la obra siempre está siendo y ese artista ejecutante de la improvisación permanente nunca tiene una obra definitiva. En este contexto, hablar, escribir, tocar un piano u otro instrumento es habitar el momento, produciendo una narración de excepción, un viaje artístico sostenido en repeticiones y variaciones y, por sobre todas las cosas, exploraciones. La creación escrita como ejecución musical, sin plan cerrado, una obra abierta al instinto, con disrupciones que irradian la lectura. Y en este punto aparece, acompañando lo que se viene sosteniendo, la figura del lector que escucha, frente al texto improvisacionista. Quien lee debe entregarse a la palabra-evento, a la contingencia del suceso, un happening en donde el cuerpo es intervenido. ¿A qué escritores y escritoras se puede incluir en el territorio del improvisacionismo? ¿Qué corrientes experimentales crean literatura en cualquiera de sus expresiones a partir de cambios de direcciones y desplazamientos constantes? Más allá de las posibilidades que encontremos a partir de nuestras experiencias como lectores, esta figura del artista de la improvisación que dispara palabras tiene un parentesco con el procedimiento teatral llamado "impromptu" que, solamente para mencionar algunos ejemplos, va de Moliere hasta Beckett, pasando por Giradoux, Ionesco y Cocteau. Sin embargo, el "modo Jarrett" que aquí se destaca como cumbre de técnica e inspiración musical es una instancia de radicalización que desborda la ejecución de la palabra planeada. El improvisacionismo cumple 50 jóvenes años y lo queríamos celebrar escribiendo mientras escuchamos el concierto de aquella noche sublime en la Ópera de Colonia.

Gabriel Penner




Cosas, Objetos, Materias y Máquinas (A los mastines literales)

 

¿Y qué tal si nos disponemos a pensar la filosofía y el arte como "objetos de incertidumbre"? ¿Podemos aplicar esta óptica a la escritura y al teatro, por ejemplo? ¿Qué características asumiría una dramaturgia y su hilo discursivo en estas circunstancias? Quizás entenderíamos que nos estaríamos refiriendo a estos objetos como formas de búsqueda que solo aspiran a una comprensión incompleta, algo como "cosas inacabadas" que se despliegan, se diseminan y están en el mundo. Lo que denominamos dramaturgia material en diversos textos que venimos desarrollando (DraMa) se sustenta en la posibilidad de una praxis escritural que tiene base en el posicionamiento creador a partir del mundo objetual y sus territorios extendidos. Desde esta perspectiva, escribir teatro se relaciona con la composición de piezas materiales. Esta hipótesis se vincula en cierto modo con el marco teórico planteado por el filósofo Graham Harman, que produjo lo que se denomina la triple O: Ontología Orientada a Objetos (OOO) y que, entre otras cuestiones, genera una perspectiva en donde los objetos poseen una existencia no determinada por la experiencia de la percepción subjetiva; es decir, hay en el mundo objetos autónomos e independientes de la mirada humana. Podríamos argumentar que es "el mundo de la vida de las cosas". Y entonces viene a la memoria el particularmente hermoso y delicado libro del filósofo italiano Remo Bodei, La vida de las cosas, que realiza un itinerario desde la filosofía, la literatura y la pintura para exponer las transformaciones en torno a la valoración de las cosas. Allí se rescata el concepto nacido en el siglo XVII en lo que era Holanda y que luego se extendió por todo el mundo del arte denominado stilleven "vida quieta" o "naturaleza inmóvil" conocido en nuestra lengua como "naturaleza muerta", pero que en otros idiomas se traduce como naturaleza aún viva o naturaleza silenciosa. De este modo podemos hablar de un ethos de la naturaleza viva de los objetos que resulta un punto central para seguir transitando lo que se está ensayando en este texto. Recordemos que se viene sosteniendo como núcleo creacional la experimentación a partir de formas dramáticas desde una posición material con énfasis en los elementos bautizados como COMM (Cosas, Objetos, Materias y Máquinas). Para los fines artísticos-escénicos, ese corrimiento ontológico operado por la OOO genera una liberación poética y encarna un combate contra la literalidad. Para enfrentar a los "mastines literales" proponemos la búsqueda de la obra de teatro como objeto poético que complejiza y hace estallar los significados, promoviendo una traducción polisémica en donde se genera una ruptura radical de la linealidad comprensiva. Volviendo a Harman, su mirada filosófica y la de otros compañeros de ruta se instala en la corriente nombrada como "realismo o materialismo especulativo" que a grandes rasgos está definida por la hipótesis de que "todo es un objeto" y esto deriva en la posibilidad en donde se combinen los objetos para producir nuevos objetos. Esta ontología nos permite desarrollar la idea de un "objeto acontecimiento", vivo y poético, resultante de múltiples combinaciones llamado obra de teatro. En este contexto se trata de elaborar "obras matéricas" originadas, inspiradas y orientadas por el mundo de la vida de las cosas y que pongan en crisis el realismo básico que solo busca parafrasear y copiar desde un comprensivismo limitado lo que el sujeto individual comprende y decodifica. Estas piezas organizadas a partir de lo que hemos definido como "materialismo dramatúrgico" dinamitan el antropocentrismo creativo que domina el teatro y otros territorios de producción artística. El procedimiento de composición y construcción de una pieza escrita y pergeñada desde lo objetual-cósico se proyecta a partir de un movimiento conceptual que iría de las palabras y las cosas, tomando prestado el nombre a la imprescindible arqueología del saber foucaultiana, a las cosas y las palabras, produciendo una inversión del énfasis para desde ahí consolidar un camino hacia una dramaturgia concentrada en lo material que priorice y otorgue valor a las palabras de las cosas. Estamos abogando por una teatralidad que enfrente a los perros guardianes de la literalidad.


Gabriel Penner


Dramaturgia Material o cómo ir hacia un teatro de las cosas


Me propongo abordar una perspectiva dramatúrgica que, de diversas maneras han transitado y siguen haciéndolo, interesantes exponentes del mapa teatral mundial que son referentes ineludibles para investigar y experimentar una escritura en donde el foco de la producción escénica está puesto en la materialidad, de tal modo que “las cosas” sean el epicentro de las relaciones que conforman la escena. En este modus operandi la praxis escrita y su consecuente teatralidad está orientada por el universo de los objetos materiales que hacen las veces de vectores creativos y conductores de la acción. El interés dramatúrgico en estos casos se radicaliza y comienza a sostenerse a partir de “las condiciones materiales de existencia” que, más allá o más acá de lo postulado por Karl Marx en sus tesis filosóficas críticas del capitalismo, remite al marco de relaciones concretas que las cosas, objetos, materiales y máquinas (COMM) generan para la escritura teatral. Se escribe para desarrollar un teatro de condición material, contundente, donde se prioriza la potencia objetual. Al respecto podemos hacer algunas preguntas que permiten expandir este pensamiento: ¿Qué dicen las cosas? ¿Cómo lo hacen? ¿Cómo es su lengua? ¿Cómo se mueven? ¿Qué sucede en torno a ellas? ¿Cómo producen la escena? ¿Y el conflicto? Esto es solo el comienzo al cual se pueden agregar algunos etcéteras que pueden traducirse en más interrogantes. Escribir desde la materia eligiendo como nudo la influencia conceptual que emana de esta y sus posibilidades espectaculares. Sostener una dramaturgia material (DraMa) como proyecto es además procurar instalarse en lo maquínico para pensar el teatro y sus alrededores. Esta premisa de lo material-maquínico cae con todo el peso sobre nuestros cuerpos a partir de la impronta del trabajo de Heiner Müller. Entre Medea Material y Máquina Hamlet se encuentra todo un territorio de experimentación para ser aprovechado. Bucear en esas escrituras-partituras como en otras similares se impone para indagar lo que nos atraviesa en este excursus. Aquí conviene mencionar que existen diversas genealogías en donde se pueden encontrar artistas que intervinieron con disímiles posturas en relación con la temática de lo matérico. Ya sea desde las artes visuales como es el caso del "gesto Mutt" duchampiano hasta las búsquedas escénicas de Bertolt Brecht y Tadeusz Kantor marcando el siglo XX. A estas corrientes le podemos sumar poderosas expresiones que hacen de puente hacia el siglo XXI como el grupo El Periférico de Objetos de Argentina y más recientemente Microscopía Teatro de México, entre muchos ejemplos que se pueden estudiar sobre la cuestión objetual. Regresando a la propuesta que se está forjando en estas líneas, es fundamental comprender que quienes se internan en la "zona" estarán desarrollando una lógica de búsqueda explícita para escribir desde lo material y sus implicancias. Aquí me interesa romper el hilo que se viene planteando desde la música con una hermosa canción del Sr. Páez que susurra “movimiento las cosas tienen” y en esa frase se ve aparecer el fantasma cósico que se instala en esta perspectiva de creación. Decir fantasma es comprender este término como lo más real que existe, la condensación de lo real en los denominados COMM, como aquello que se encuentra en la dinámica entre lo presente y lo ausente. ¿Acaso se debería hablar de un "Teatro Fantasma"? ¿O quizás de una "Dramaturgia de las cosas y sus fantasmas"? Lo cierto es que se trataría de escribir desde la materia (cada cual elija su juego-lenguaje, "cosas", "objetos", "materiales", "máquinas") potenciando sus repercusiones en las características subjetivas de los personajes, en los cuerpos vivos, en los dispositivos, etc.; un ejercicio dramatúrgico que da relevancia a lo que podría expresarse como Das Ding escritural. Es definitivamente una Dramaturgia Orientada por las Cosas (DOC) un documento con vocación escénica motivado y organizado por lo corpo-objetual. De esta manera, todos los elementos que constituyen la arquitectura de la obra en tanto escritura, pero también sus dispositivos, personajes, acciones, tiempos, espacios y relaciones, son elaborados y cosidos por una pragmática material. Así, puede provocarse un teatro cuya potencia radica en un objeto u objetos no domesticados, entendidos como materiales indomables que poseen un carácter y un lenguaje autónomo; es esa imposibilidad de dominación de los COMM, esa situación inaprensible, lo que maximiza la experimentación y traza un campo fértil para la dramaturgia. Escribir a “golpes de objetos” para catalizar la energía escénica y en esa dimensión estética los COMM nos narran, nos relatan, nos discursivizan, inclusive con el silencio y la quietud, produciendo destellos de efectos relacionantes y teatralidad. Tomar partido por las cosas proponía el gran escritor Francis Ponge en su libro “Métodos” y esa es la apuesta que incorporamos al procedimiento de escritura dramática que se está explorando, concebir un método desde una poética material en donde desde el comienzo se observe un dispositivo de diseminación cósica que se despliegue escénicamente. La teatralidad emergente entonces es percutida por “la cosa” entendida como el acecho de lo real que es el conflicto de lo trágico según el ensayista Eduardo Grüner. Escribir teatro sí, pero dándole énfasis a los objetos-máquinas-materiales para que sean los protagonistas del acontecimiento. Todo proceso dramatúrgico de creación así caracterizado deviene un terreno de exploración donde las certezas estallan. Hacia eso nos dirigimos, nada más y nada menos, que hacia un teatro de las cosas.

Gabriel Penner







La piel

 ¿Qué significa "andar a piel"? ¿Se puede entender la piel como hipótesis para la creación colectiva? ¿Campo de encuentro? ¿Desmontaje de la racionalidad instrumental? Estas preguntas, precedidas  o seguidas por otras pueden comenzar a pensarse si nos disponemos a perder, buscando una disposición para irnos de aquello que en forma de acumulación nos ha condicionado. En relación a esto "estar en piel" o "ser piel" se vincula con la idea de la filósofa Marie Bardet de un "ponerse en cuero" que transita el estimulante libro "Perder la cara". Cuando se pierde también se gana, se encuentra, se descubre. Y en esta pérdida de lo determinado nos vinculamos con lo indeterminado. La PIEL es una zona de experimentación creativa para la producción artística en sentido amplio, es decir, no limitada a lo que convencionalmente se relaciona con el arte sino que apunta a la producción de una epistemología para el pensamiento a partir del tacto y sus alrededores. Tacto pensante, tacto ejecutante, tacto politizante.¿Cómo conformar un espacio de experiencias creativas a partir de la piel como órgano artístico creador para generar obra-pensamiento? En este camino epistemológico consideramos la piel como lo más extenso e intenso que tenemos los seres vivientes humanos, y más allá que se encuentra en la superficie, es lo más profundo. Por ende, proponemos la piel para encontrarnos intersubjetivamente y hacer proliferar lazos artísticos, afectivos, sociales y políticos. Entonces, hablamos del dispositivo "cuerpo-piel" que activa las ganas de hacer con el/los otros y rompe con el circuito de soledad egocéntrica. El tacto como herramienta vincular en la emergencia, como reparación e innovación del lazo social, pero no para volver a lo previo, a lo conocido, sino para fundar lo distinto en diversidad. Siempre hay una carencia y la piel-tacto reconoce y opera. No hay piel solitaria, siempre se da a la búsqueda, su disparador es la entrega. Y como todo órgano vital, la piel se ejercita, es una gimnasia de contactos que se constituye en una metáfora conductora de acciones para descubrir las potencialidades artísticas y humanas. Sea en el teatro como en la poesía, sea en la danza como en la gestualidad, la piel se eriza contruyendo una erótica del encuentro artístico-político. Ir hacia la piel para perdernos en el acontecimiento de ser con otros.

Gabriel Penner

Fake Poem

 ¿Acaso hay alguien leyendo? ¿O chasqueando la lengua? ¿O simplemente escupiendo palabras atiborradas de vino? No. Todo lo que se escribe en estos tiempos es falso, está sospechado de falsedad por esa condición estructural que nos envuelve y de la cual no podemos escapar: estamos siendo seres socialmente expuestos. Esa es la cuestión, la exposición sin límite conduce a lo "fake". Es un mundo de relaciones "fake" en donde en cada respiro aparecen "fake news". Entonces, dado lo dado, me propongo el ejercicio de escribir durante horas y días un "fake poem" para batir todos los records. Mi poema falso debería empezar diciendo todas las verdades del universo que en realidad son las mías, las verdades de un poeta falso que vive rodeado de poetas falsos que son profetas, obviamente falsos, como todos los profetas. Entonces sigo escribiendo un poema repleto de "verdades falsas" como todas las afirmaciones que pretenden ser verdaderas y como quiero mostrar que soy auténtico, mis palabras gritan, insultan, atacan y violentan a todos aquellos que no vean que soy un gran escritor, es decir, un gran poeta falso. La autenticidad como enfermedad, la espontaneidad como razón violenta, por ahí navega mi "fake poem" que se sigue escribiendo y chorreando para obtener un premio que no hace falta que diga la característica que tiene. Alguna vez en una cama alguien me susurró: "todo premio, como todo halago, es falso". Y acá estoy recordando la falsificación artística por vía erótica en un poema que se engorda y avanza a paso fraudulento. My fake poem para my fake life, y así escribo con una ametralladora compulsiva: lleno una página, diez páginas, cien páginas, mil páginas, hasta que llego al fuck. Fuck to fake y dejo de escribir para abrazarme a un cuerpo o a algo así como lo real.

Gabriel Penner

Haikus Urbanos Irregulares de Arte (HUIDA) A propósito de la edición de "Parte Meteorológico"



Hace años, demasiados años, que la escritura me lleva, me desvía, me deriva, me orienta hacia lo que pienso denominar "operaciones de fuga". Siempre sucede lo mismo: escribo y fugo hacia paisajes que desconozco, hacia territorios incógnitos y entonces experimento la huida. Y esta vez pude codificar ese movimiento a través de pequeños textos abrumadoramente repetitivos, con una estructura que nunca cambia para  indicar que todo el libro es una forma que está determinada por poemas de cinco líneas que abren y cierran de igual modo, sin escapatoria, generando una lectura concentrada. Esos micro-poemas que fueron escritos durante largas temporadas asumen el aroma de la escritura milenaria japonesa asociada a la brevedad y la contundencia, pero también en vínculo con la naturaleza, específicamente aquí en relación a la lluvia como fenómeno natural meteorológico. Todo sucede encapsulado bajo gotas de lluvia que aparecen y desaparecen en un "ahora" infinito. Se podría decir que son poemas de un "presente puro" o de un "presente ahora mismo" que envuelve toda acción, todo pensamiento, toda descripción, toda relación. Esa codificación está resumida en la lógica de escritura-lectura de Haikus Urbanos Irregulares de Arte o para expresarlo con siglas (HUIDA). Eso es, eso son: partículas de huida, partículas o células poéticas que me/nos permiten huir o escapar de la cárcel del lenguaje y la realidad como parte de la lengua. Es así, que en estas moléculas de poesía en donde domina lo mojado, quien lee puede toparse con el teatro, el cine, la pintura, la música, la literatura, y sobre todo con la vida, para ejercitar su propia huida, sus propias pastillas de fuga. Y entonces como se puede leer en el título del prólogo del libro nos encontramos yendo "Hacia una fenomenología poética de la experiencia meteorológica". Esta especie de "fenomenología poética bajo el agua" explora mediante "minúsculos arte/factos líquidos" las relaciones entre la experiencia humana y la palabra poética en un mundo donde todo parece conocido, obvio. Por ejemplo el texto Nº 270 dice:
                                            
                              Ahora llueve
                              la madre de Roland Barthes
                              prepara un té en la cocina
                              y espera la última foto.
                              Ahora no.

Las líneas del poema intentan proponer un "estado de fuga" enmarcado por el primer verso que abre los ojos a la lluvia y el último que los cierra. Dentro de ese "marco" todo es posible con lo que se sabe y con lo que no se sabe, ahí radica el acontecimiento o la contingencia poética, cada lector o lectora con lo que tiene de carga o de experiencia sobre la lluvia, sobre Barthes, sobre la relación con su madre, sobre la ceremonia del té, sobre la fotografía y todo lo que puede venir. Estas cinco líneas no son un poema o un haiku urbano irregular de arte, son muchos poemas-experiencias, son múltiples formas de huida-fuga-escape-deriva. Son interrogantes para hacerse como poetas que leemos y juegos de intercambios que se pueden realizar en cada poema-molécula. La cuestión que nos plantea esta maquinaria denominada Parte Meteorológico es nada más y nada menos que una experiencia psicodélica "que despierta los sentidos sometidos a la repetición del sonido de la lluvia, un loop en donde las palabras flotan y producen ceremonias íntimas, pequeñas, singulares. Y sin embargo, gota a gota, cuerpo a cuerpo, línea a línea, la voz emerge buscando interlocutores para compartir historias condensadas". El formato cerrado de cada poema al mismo tiempo constituye una apertura a la imaginación y al descubrimiento, o para decirlo nuevamente, una "huida" desde la palabra, abriendo y cerrando los ojos para escudriñar y crear el presente-ahora. Me permito una última incursión textual citando el Nº 256:

                                    Ahora llueve
                                    la estructura narrativa es
                                    eso que se desmonta
                                    para encontrar la belleza.
                                    Ahora no.
 
No quiero abundar y cansar con explicaciones porque lo importante, -si es que hay algo importante en todo esto-, es la experiencia de huida de cada uno que se sumerja en las aguas-gotas de este "parte". Termino citando el final del prólogo: "Estamos frente a una máquina de escritura que opera con el ritmo de la naturaleza y el clima de la humanidad, nada más y nada menos, que un modo existencial de hacer llover".

Gabriel Penner

Cuerpos dramaturgizados

 Me urge iniciar esta excursión con el siguiente poema de Héctor Viel Temperley:
“Voy hacia lo que menos conocí en mi vida, voy hacia mi cuerpo” (Hospital Británico, 1984)
Y esto abre las puertas para pensar el lugar de los cuerpos cuando alguien está escribiendo una obra teatral y emergen múltiples interrogantes como por ejemplo: ¿qué cuerpos requiere la pieza que se escribe? Y esta pregunta puede multiplicarse y desprenderse en otras cuestiones como: ¿qué calidad de movimientos deben ejecutar esos cuerpos?¿Qué acciones involucran esos movimientos? De ahí que escribir teatro no sea solamente construir un mar de palabras y personajes dialogando o situaciones de conflicto que van marcando la obra o el desarrollo de escenas que se suceden para contar una historia, no, no, no... En esta oportunidad lo que interesa pensar se llama cuerpo o corporalidad y más específicamente “cuerpos dramaturgizados” o “dramaturgia de los cuerpos”. El teatro y las artes escénicas se caracterizan por ser parte de lo que se denomina “artes vivas” en donde los cuerpos están siempre presentes, son el sostén de todo el artefacto o andamiaje escénico. No se puede hacer teatro sin cuerpo, todo escenario convencional o no convencional cruje cuando es pisado, cuando alguien salta, cae, baila, hace ruidos, grita u ocupa un lugar en el silencio. El cuerpo, los cuerpos, ocupan el territorio. Elina Matoso especialista en Trabajo Corporal escribió un libro titulado: “El cuerpo, territorio de la imagen” en donde entre otras ideas plantea que cuerpo e imagen se vinculan mediante mapas de movimientos entendidos como escenas. Las imágenes corporales producen teatro, son teatralidad encarnada en movimientos y gestos que irrumpen el tránsito escénico. Hagamos un ejercicio: elijamos una pieza de teatro que nos interese y busquemos los movimientos corporales que se dan en el recorrido de la obra y luego apliquemos esta misma ejercitación a lo que estamos escribiendo. Supongamos que estamos construyendo una obra de cinco momentos escénicos, ¿cómo pensamos a las corporalidades y sus movimientos en cada situación? ¿Son corporeidades densas, pesadas, livianas, abúlicas, sensuales, etc? Jacques Lecoq plantea la idea de “cuerpo poético” como pedagogía teatral y nos dice que “el cuerpo sabe cosas que la mente ignora”. Podemos pensar la idea artaudiana de que “el cuerpo es todo” y relacionarla con el punto del desarrollo de un teatro basado en lo físico y el movimiento para sumar a nuestro trabajo creativo dramatúrgico. Se trata de ir hacia los cuerpos y escribirlos buscando elaborar una "partitura de movimientos" para que los actores-actrices devenidos personajes ejecuten con su corporalidad artística. Esta dramaturgia de los movimientos corporales se yuxtapone en un juego de dramaturgias simultáneas. De este modo el énfasis permite focalizar en la poesía de los cuerpos, sus relaciones y movimientos, para generar un encuentro estimulante con la mirada y la recepción de los espectadorxs que se vinculan al compás de esas señales, de esos signos sobre el escenario. El cuerpo no es sólo cuerpo, no es sólo carne, músculos, huesos, sino que engloba una diversidad sensorial, psicológica, afectiva y espiritual. Se ha investigado que los movimientos están atravesados por “patrones” que involucran a todo el sujeto. Es por esto que el entrenamiento orientado a las artes escénicas requiere del cambio de estos patrones o lo que se denomina repatronización. Un cuerpo tiene muchos cuerpos como sostiene Roland Barthes, hay un cuerpo del trabajo, otro para el deseo, pero todos conviven en el mismo “envase”. Se podría decir que el cuerpo es una construcción y una confabulación, es decir, el cuerpo se “con-fabula”, se cuenta, se habla, a partir de imágenes corporales. Todo cuerpo es un relato, una historia, una invención que se escribe. Hay un escrito en el cuerpo, como alguna vez se tituló una gran película de Peter Greeneway. Por otra parte, si recurrimos a Fedora Aberastury y su Sistema Consciente para la Técnica del movimiento. nos asomamos a un campo de una gran experimentadora que dijo: “No tengo esquemas conocidos, tampoco tengo miedos, ya, que me estorben”. Con eso funda una epistemología corporal de apertura a lo desconocido. Es así que se sitúa en el territorio de la interpretación para llegar al conocimiento humano. Su trabajo es generar técnicas de movimientos para que cada uno/a sea intérprete. Técnicas para adquirir un conocimiento del uso del cuerpo total. La utilización del cuerpo-instrumento debe apuntar a conducirnos al conocimiento de lo desconocido. Entrar en el cuerpo como creadores de teatro a partir de la escritura es animarnos a organizar mediante un código el juego corporal de los actores y actrices que suben a escena. Estamos pensando en lo que se denomina “cuerpo-teatro” que no es cualquier cuerpo, es un cuerpo intervenido para intervenir, es un cuerpo disponible, es un cuerpo en disposición, que se dispone para enfrentarse a un dispositivo, en definitiva el “cuerpo-teatro” es un cuerpo en situación. Una pieza teatral es un corpus que se escribe desarrollando múltiples operaciones dramatúrgicas y entre ellas la escritura corporal y sus resortes-movimientos. En estos tiempos de mercaderes atroces en donde todo se ha vuelto mercancía lucrativa busquemos darle al teatro una dramaturgia de los cuerpos poéticos.

Gabriel Penner

Estrellas de la Nada

Dios y la Muerte son máscaras de la Nada.
Desde siempre me capturaron los versos iniciales del poema "Tabacaría" del heterónimo Álvaro de Campos de Fernando Pessoa que dicen:

"Não sou nada.
Nunca serei nada.
Não posso querer ser nada.
À parte isso, tenho em mim todos os sonhos do mundo".


Estas palabras son una declaración de principios, construyen una ética fundamental para aplicar a mis prácticas. Una apología de la nada para ser un hombre nadista o minimal. El nadismo como unidad básica de acción guiando búsquedas, generando una actitud filosófica que se vincula con la contemplación. Esta minimalidad nádica lleva a una poética de la condensación sea en el teatro como en otros territorios de escritura, reducir, simplificar, limitar. La nada mínima como antagonista al consumismo voraz y cruel. Seamos mínimos para romper con las pautas normativas que engendran consumo y así desde una posición exigua aventurarse en la potencia. Estamos viviendo un tiempo de excesos: gestos, gustos, palabras, sea lo que fuere la medida de hoy está dada por una vida maximalista que paradójicamente oprime porque pide siempre más de la mañana a la noche, todo se vuelve necesidad obsoleta, máximo confort, máximo placer, máximo volumen, Frente a este contexto se opone la condición de minimalidad como estatuto del hacer y del ser. Somos todos estrellas de la nada nos creemos que somos y no somos nada. Desde este punto de vista asumimos que "la nada es lo más nítido que existe", según escribí alguna vez sobre las resonancias de la obra de Juan José Saer en mi lectura. Se trata de partir de la nada para llegar a la nada, crear y vivir con nada, en nada, de nada. Se ha dicho en otras ocasiones y territorios literarios: 

"Nadie entiende nada, 
Nadie tiende nada, 
Nadie tiene nada, 
Nadie de nada". 

Nadie-Nada sería el par operativo al cual recurrir para pensar-actuar. De este modo estamos situados en la minimalidad nadista que está expresada en ese querer ser nada o en la aspiración de la vida mínima. En este punto podríamos entroncar distintas corrientes de pensamiento y poéticas que se hermanan con lo que se está planteando y llamarlos "Apologistas de la Nada". Por devoción me corresponde comenzar con Leopoldo Marechal quien escribió la sentencia "Padre de los piojos y abuelo de la nada" frase fabulosa que se encarna en el libro "El banquete de Severo Arcángelo". Hay una curiosidad musical que emerge de esa línea, dos bandas argentinas de rock en diferentes épocas se bautizaron a partir de ese texto mínimo y nadista: Los Abuelos de la Nada y Los Piojos. Se agradece esa multiplicación artística de la nada así como también la semilla poética propuesta en el Manifiesto Nadaísta: "La Nada no puede definirse, pero sí expresarse. Cualquier expresión de la Nada es contradictoria porque nos muestra lo inmostrable. Reivindicamos, como ya hizo Baudelaire, el derecho a la contradicción". El nadaísmo nacido en Colombia de la mano de Gonzalo Arango y otros compañeros de poesía transmite un vitalismo, una devoción por la nada vital y abre las puertas a la "nadalogía". ¿Cómo estudiar la Nada? ¿Cómo pensar la Nada? ¿Cómo vivir la Nada? Y entonces el camino vuelve a otro de los heterónimos de Pessoa quien dejó escrito:


"Quiere poco y tendrás todo,
quiere nada y serás libre".



Esta es la voz de Ricardo Reis, pero también podemos rumbear hacia Bernardo Soarez y "El libro del desasosiego" o quizás hacia Alberto Caeiro y sus "Poemas inconjuntos", siempre por la ruta pessoana de la nada múltiple. Y si saltamos al abordaje filosófico ahí se abren numerosos caminos que conducen a la Nada con mayúscula: desde Oriente se ha recorrido exhaustivamente a partir de diversas indagaciones vinculadas al Zen, entre ellas se puede citar a la denominada "Escuela de Kyoto" con Kitaró Nishida a la cabeza; encontramos una profunda investigación en el libro de James Heisig "Filósofos de la nada". Allí se sostiene que "La nada no debe confundirse con el No-ser..." como sendero para pensar y practicar desde una "lógica de la nada". Por otro lado, en la mirada occidental la Nada fue pensada por distintos filósofos en "modo existencialista". Desde la literatura podemos vislumbrar la perspectiva nadista de Miguel de Unamuno que en sus obras siempre está vinculada a la cuestión de la muerte, la finitud de la vida humana a partir de un pensamiento literario. En otro orden nos encontramos con "La nada como un pseudo problema" en Henri Bergson quien sostiene "...la idea de Nada, cuando no es la de una simple palabra, implica tanta materia como la de Todo y, además, una operación del pensamiento". Para ir afinando esta excursión por los territorios de la Nada debemos abrazar a la nada en Jean Paul Sartre a partir de su inmenso volumen "El Ser y la Nada" que es la obra central del existencialismo del siglo XX. Hay en la fenomenología sartreana una concepción de la nada como ausencia y es allí en donde se desarrolla la existencia de la conciencia, estamos rodeados de nada, plantea Sartre desde sus noches anfetamínicas, y por tanto ésta condiciona tanto a las preguntas como a las respuestas, la interrogación es posible por la misma presencia de la nada. El interrogante como medida de la existencia, la posibilidad del ser como pregunta humana. La Nada abre un "campo de posibilidades" para el ser humano, somos nada que elige y decide, y en esa nada estamos abiertos. Más allá o más acá de lo expuesto siempre quedan caminos por experimentar en ese desierto de la nada que somos.

Gabriel Penner

Gris Béla Tarr



Comienzo esta intervención con un desvío. Ese desvío es la imagen que provee Jacques Derrida en un bello texto en donde se ve observado por su gato cuando sale desnudo de bañarse. Les sugiero zambullirse en la textualidad de "El animal que luego estoy si(gui)endo" para pensar la relación con lo animal o la otredad animal. Escribe el filósofo cuando inicia su conferencia:"Desde hace tanto tiempo ¿podemos decir que el animal nos mira?¿Qué animal? El otro. A menudo me pregunto, para ver, quién soy; y quién soy en el momento en que, sorprendido desnudo, en silencio, por la mirada de un animal, por ejemplo, los ojos de un gato, tengo dificultad, sí, dificultad en superar una incomodidad". Más allá de dicho episodio entendido como una "escena en la vida de las relaciones" que sirve para comprendernos, el excursus que me dispongo a escribir en este mismo momento, sí, el que está sucediendo ahora, nació a partir de un intercambio óptico sensitivo con Circe, una gata gris que me acompaña hace algunos años y me ayuda a pensar, y sobre todo a vivir. Recuerdo exactamente el momento de el "cruce de miradas" que se transformó en un suave chispazo que devino en poesía y un poco más tarde en canción. Y se me dirá: ¿qué tiene que ver Circe con el director de cine Béla Tarr? Y la respuesta está teñida de color, tiene color, la da un color: el gris o mejor aún todos los grises. El trabajo estético de las filmaciones de este creador húngaro está sostenido a mi modo de ver en los grises que delimitan la existencia. Sí, mi argumento es que hay un gris Béla Tarr, así como existen los grises de luces y de mar, los grises semovientes, caminantes, coreográficos, existe una paleta de grises acuñada por la cámara magistral de Tarr y que va hilvanando una obra particular, única, irremplazable, ineludible. Aquí recurro a "otro Jacques", el mismísimo Jacques Ranciere y su perspectiva en el libro "Béla Tarr. Después del final" en donde plantea algunas cuestiones centrales del trabajo fílmico. Veamos: hay en las películas de Tarr una búsqueda estética marcada por la repetición como leimotiv existencial, se podría argumentar que estamos frente a la misma película siempre, una y otra vez, con variaciones, pero el relato es un dispositivo de repetición, aún más un dispositivo de teatralidad llevado al cine en donde emerge lo que se puede denominar la "narración-silencio" y esto está enmarcado en un ojo blanco y negro que transita todas sus producciones menos una titulada "Almanaque de otoño", que es en color. Pero ese modus operandi está conducido por un todo gris que consolida una ética basada en un "materialismo radical". Y todo este gris, estos grises, están dominados por lo que Ranciere titula "El imperio de la lluvia" en donde los largos planos secuencias orquestados por Béla Tarr producen originales contra-movimientos en donde las cosas del mundo van hacia los personajes. Esto lo podemos registrar sobre todo en obras como "La condena", "Satantango", "Las armonías de Werckmeinster" o "El caballo de Turín". En palabras de Ranciere: "...construyó un sistema coherente, poniendo en práctica procedimientos formales que constituyen un estilo propiamente dicho en el sentido flaubertiano del término: "una manera absoluta de ver", una visión del mundo que se vuelve creación de un mundo sensible autónomo". Y entonces nos asomamos a una ventana gris en donde el tiempo transcurre materialmente y los personajes son, están ahí acosados por el clima y los objetos en un tiempo después del final. Imposible evitar perderse en esa experiencia artística.


Gabriel Penner

Hacia una crítica de la condición egodramática en el teatro

Hay momentos en donde toda actividad converge hacia una síntesis que define la llegada de una cultura hegemónica marcada por condiciones epocales y todo en el horizonte se vuelve repetitivo, unívoco, plano. Algo de esto hay en estos tiempos en el "mundo del teatro" que en sus diferentes "capas de producción" todo tiende a generar espectáculos centrados en historias personales, individuales, lo que podría denominarse "egodramas" o "dramas del yo". Se trata de obras encadenadas al ego protagonista que por lo general escribe, actúa y dirige la pieza, en donde la lógica unipersonal impone sus ritmos y temáticas, desarrollando una corriente mimética representativa de la vida. Estas construcciones egodramáticas están fundadas por la estética de la individualización en donde la fuente de toda acción y relato es el devenir del yo. En algunas ocasiones intentan utilizar ropajes para convertirse en documentos teatrales que buscan retomar la categoría de "teatro documento" o "teatro documental" pensada y experimentada por Erwin Piscator o Peter Weiss en el siglo XIX, pero centradas en las peripecias yoicas con interés en la fábula privada, un relato íntimo que se aleja de lo colectivo y se vuelve despolitizante. Hay una sustitución del "drama documental" sostenido en una dramaturgia de documentos políticos por una especie de "drama egocéntrico o egotista" que es alimentado por una dramaturgia de sucesos que encadenan la historia de una vida tomando la lógica y el formato del "biopic" constituido por el culto a la personalidad. Esta dramaturgia de acontecimientos íntimos para ser mostrados se sustenta en la "lógica de la extimidad" en donde todo lo personal tiene como imperativo la exposición. Al respecto resulta clave distinguir entre el concepto de "biodrama" plasmado por Vivi Tellas y este modo teatral que se impone y que hemos caracterizado como "egodramas" o "dramas egóticos". Si bien ambas plataformas escénicas se nutren de los vínculos entre realidad y ficción, y como otras modalidades por ejemplo los trabajos de Lola Arias, pertenecen a las investigaciones del territorio de lo que se postula como "teatro de lo real", la experiencia egodramática está sostenida en un proceso de hiperpersonalización asociado a lo que Giles Lipovetsky define en su libro "La era del vacío" como la estrategia narcisística determinante para las relaciones de la vida posmoderna. Por lo tanto estos ejemplos de obras están elaboradas para generar un espectáculo estructurado por un excesivo culto a la personalidad, en donde lo social y lo colectivo quedan corridos como registros y aparece en primer y único plano el relato-cuerpo yoico bajo su condición de Narciso planteando una catarsis escénica bajo un proceso de psicologización asfixiante. En este marco, las propuestas teatrales que estamos describiendo están organizadas como "espectáculos del yo" para ser consumidos como una mercancía capitalista que circula en lo que el filósofo Byung-Chul Han describe como "la agonía del Eros" devenida pauta cultural dominante que transcurre en sociedades narcisistas, agotadas, cansadas y alienadas por su propia imagen. Lo que hemos esbozado como "drama egótico" está caracterizado por el rasgo insoslayable de la cosificación de la historia personal para ser puesta en escena, constituyendo un espectáculo de sí mismo en donde el otro, el público, desaparece. Nada más y nada menos que piezas escénicas armadas para ahogarse en sus propios espejos. A partir de este excursus mínimo procuramos dejar una línea para reflexionar y establecer una crítica de la condición egodramática en el teatro.

Gabriel Penner

Animales lectoríferos

 Desde estas líneas nocturnas se propone la idea del "afuera" o lo "extra" como punto de partida para representar el acto de la lectura. Por esta razón sostenemos que dicha acción es extraordinaria y que  cuando se lee se es "extranjero", esto quiere significar que de alguna manera nos disponemos al extrañamiento como experiencia. Cada lectura es un ritual iniciático, un viaje por universos desconocidos en contacto con "otras lenguas". Hay una inmersión o como se dice por ahí en el mundo de las instalaciones artísticas una "experiencia inmersiva" en construcciones linguísticas externas elaboradas por otras cabezas, por otras manos, por otras voces. Siempre al leer entramos en el juego del otro, siempre son los otros los que codifican el tráfico de la palabra. Se entra a partir de la lectura en lo que no es propio, leer es un modo de salirse de uno mismo buscándose en otras historias, en otros lugares, en otras formas y perspectivas. Es entonces cuando aparece como hipótesis de vida para el lector el exilio perpetuo. Quien lee afronta el riesgo como itinerario, no comprende, sino que emprende una partida hacia destinos imprevisibles, de ahí la desventura del lector o lectora. Se lee como se vive (o viceversa) y esto quiere decir que al operar la lectura hay una situación de pérdida de lo propio que está guiada por una entrega que limita con lo absoluto. Puede instalarse la premisa de que el lector es ese personaje gitano, buscavidas, nómada, que deambula en la intemperie de lo escrito. Su saber radica en la inquietud. La lectura se hace al andar como el camino de Machado y en ese estado de movimiento van apareciendo ciertas lecciones que nos hornean como "animales lectoríferos". Como se ve, toda escritura está plasmada en un territorio, en una extensión, y los que leemos caminamos por esas coordenadas. Aquí viene a la memoria la potente imagen que muchos y muchas cultivan de ese "monstruo de dos cabezas"  que es escritor/a-lector/a o en orden inverso. Quien escribe es porque ha tenido o mantiene un hambre de lectura al tiempo que leer es dejarse escribir por otros. Se han escrito y se han leído grandes páginas sobre este fenómeno que estamos indagando, quizás estemos iniciando el camino de una "fenomenología de la lectura" o algo similar que anda por esos carriles. Se vienen arbitrariamente algunos recuerdos de lecturas personales en donde lo heroico está encarnado en personajes que leen. Para comenzar aparece Italo Calvino en doble plano, por un lado "Si una noche de invierno un viajero", tremendo libro que se inicia diciéndole al lector: "Estás a punto de comenzar a leer una novela de Italo Calvino así que..." y por otro lado "La aventura de un lector" que pertenece al libro "Los amores difíciles" que recopila relatos en torno al concepto de aventura. No me voy a detener en estos textos, tan sólo digo que ser "lector o lectora" se ha convertido en una especie de personaje o condición que suele aparecer en la literatura moderna. Me interesa situarme sobre todo en dos obras que valga la redundancia me atrapan como lector. En primer lugar, el bello texto de Ricardo Piglia titulado "El último lector" en donde encontramos un exquisito recorrido por  "escenas de lecturas" que el autor va describiendo en donde los protagonistas son escritores en el acto de lectura. Por esas escenas pasan Borges, Kafka, Shakespeare, el Che Guevara, Tolstói, Gramsci y siguen los nombres notables. En todas las páginas de este ensayo-relato Piglia nos conduce por un viaje partiendo de la pequeña-gran pregunta: ¿Qué es el lector? Imperdible, todo se vuelve un conjunto de escenas de vidas en donde se vislumbran los modos de leer de escritores destacados. Por otro lado y para finalizar esta breve incursión me remito al libro "La soledad del lector" de David Markson que conforma uno de las escrituras más originales en las cuales me he sumergido. Lo que más sobresale es un formato que se puede denominar como "cuaderno de apuntes" en donde el autor va desarrollando la trama a partir de citas o acontecimientos de diversos personajes históricos, podríamos argumentar que es una "novela no novela" o una "no-vela" en donde encontramos a un protagonista y un lector que se van relacionando a partir de formas originales de diálogos. Podría seguir rescatando obras, poemas, relatos, situaciones personales y de otros en donde se opera esta "animalidad lectorífera", pero me despido sugiriéndoles que piensen en escenas de lectura en donde como alguna vez planteó Umberto Eco se plasme la "intentio lectoris" o como me gustaría llamarla "inventio lectoris". Ya se sabe que toda lectura es múltiple: caótica, recortada, desordenada, abandonada...

Gabriel Penner

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Máquina de Poesía

 De Marinetti a Deleuze y Guattari, del Futurismo al Anti-Edipo, de Da Vinci a Duchamp, del hombre volador a las máquinas célibes, o de la "Máquina de hacer pájaros" de García a "Machine head" de Deep Purple o "Hitchcock machine" de Partitura Invisible, de la "Máquina parlante" de Schwob a la "máquina de hacer poemas" de Enzensberger, de Cucurto y su "Máquina de hacer paraguayitos" a Williams y su "máquina hecha de palabras", la historia del mundo está situada en torno al diseño y la construcción de lo "maquínico" entendido como la metáfora que articula la organización de las energías de cada época en cada sociedad. Es por esto que podemos nombrar momentos caracterizados por determinados "seres-máquinas" como por ejemplo identificar situaciones dominadas por "máquinas de matar" o "máquinas de consumir", "máquinas de anestesiar", "máquinas de soñar", entre otras. La metáfora maquínica puede conjugarse para enfrentar las lógicas dominantes de este tiempo que hacen culto a las relaciones económicas financieras y de redes sociales entendidas como "inmateriales" y "desubjetivadas" instalando un núcleo de cultura hegemónica que genera un individualismo furioso, violento, conspiranoico y repleto de un menú de brutalidades. Aquí se propone la idea de una "maquina blanda", un dispositivo que irriga flujos de acción artística en múltiples dimensiones y que se sintetiza como "máquina de poesía". Esta herramienta no es personal, se alimenta de lo interpersonal, hacer poesía se remite a un hacer colectivo, sin "competencia", maldita palabra insuflada por todos los rincones. Entonces sobreviene el plural "somos maquinas de poesía", compuestas por "cuerpos máquinas" que se entrelazan y producen textos, obras, y bailan para romper los clichés del ultracapitalismo retardado, estas máquinas que somos conmueven desde el tacto, desde los gestos, las sonrisas, los besos, los abrazos, en definitiva, somos "máquinas de amor en arte" reconstituyendo tejidos, eso somos, eso hacemos. Y no hay lugar para la cursilería en este planteo porque la poesía como máquina es crítica, no se instala en una lengua conocida, no recurre a los recursos de siempre, no venera maestros ni tendencias, porque la premisa vital es escribirse todos los días para subvertir lógicas. De eso se trata, una máquina de poesía, muchas máquinas de poesías, que salen a las calles para escribir la vida de otra manera, sabiendo que la obra del otro es importante, corriendo al ego, haciendo relaciones sostenidas en artefactos poéticos. Para finalizar esta intervención dejo como testimonio mi "Maquina de Poesía Amarga"  que forma parte de la obra teatral "TelmaH" en donde hacen fuegos-juegos cruzados los fantasmas omnipresentes de Alejandra Pizarnik y Sylvia Platt junto a los espectros de William Shakespeare y Heiner Muller.

Somos patéticas criaturas y estamos tristes

tristes porque la vida nos confirma crudamente

que somos patéticas criaturas tristes.

No tuvimos preaviso 

ni una llamada

un día llegó detrás de otro, como si nada,

siempre pasa así, se presenta y ya,

    como si nada

una palabra, luego otra y así la tercera hasta no poder parar,

caemos por un tobogán, pero no, 

                        ya no somos niños, 

y entonces la caída nunca termina.

Somos patéticas criaturas tristes sin control 

y jugamos a tapar las grietas que nos duelen, si es que algo nos duele.

Juntas para juntar los restos de lo que fuimos o todavía somos

con una pala de plástico como a las migas del pan que nos come


¿sabremos limpiar la casa esta vez?

Somos patéticas criaturas tristes limpias hacendosas obsesivas gestuales pervertidas insatisfechas amnésicas enfermizas idiorítmicas atonales mentirosas desgraciadas yectas cansadas temerosas escépticas y tres o cuatro, o quizás cinco combinaciones más.

Pero, la vida o como se llame nos tocó la puerta, 

¡Qué eufemismo! La pulverizó a patadas, sin embargo, 

¿quién no tiene la puerta rota?

Somos patéticas criaturas en la intemperie, seguramente

alguien estará viendo el espectáculo, nuestra vieja película sin guión.

Siempre igual.

La angustia es azul.

La alegría es amarilla.

Siempre los mismos ejercicios psicofísicos,

gimnasia decadente para los músculos carcomidos por la rutina.

Somos patéticas criaturas elásticas, tan tristes como un pedazo de goma que 

no sirve para nada.

Y en realidad,

-realidad, qué palabra extraña-,

no somos originales

porque vamos tras las huellas de no sabemos quién, 

pero que las marcas existen, existen.

Ya se dijo.

Somos patéticas criaturas tristes

y agreguemos inconsistentes.

¿Y si hacemos juntos un Seminario de la Inconsistencia?

La desnudez del fracaso nos convoca, como a tantas otras,

pero esta vez, el tema no son las otras, no hay huida

somos nosotras, los remanidas, las absurdas de todos los días, las teóricas de 

la experiencia, nosotras en carne viva, presente, última.

Esta vez nadie nos puede ayudar porque no hay patéticas criaturas tristes 

como nosotras.

Hemos perdido la infancia

la dejamos olvidada sobre el piano, en las teclas de cartón, 

esas que suenan a hueco, que son huecos.

Hemos perdido las manos a cambio de clavos.

Hemos perdido la música para desencontrarnos.

Siempre supimos que cada noche lleva en su vientre muchas noches, todas 

distintas, amables, peligrosas, impensadas, paranoicas

y quizás una de esas noches se ha llevado el “juntas” para hacerlo otra cosa, 

que es otra causa y entonces:

Somos patéticas criaturas tristes causales dando vueltas en un mecanismo 

dialéctico de conjunciones y disyunciones, quizás seamos un reloj a 

destiempo o algo parecido que no sabemos explicar.

Lo cierto es que nada somos sin nuestro pathos, nos hemos modelado sin 

dios, al calor de la desemejanza, corriendo por el paisaje árido, sin destino.

Y las patéticas criaturas tristes son autorreferenciales, 

y se muerden la cola como parte del ritual.

Hemos viajado sin tregua y eso desconcierta a cualquiera.

¿Acaso podremos caminar por las baldosas que se han despegado?

Ya ni las preguntas tienen sentido y eso es coherente con lo que somos.

Esta casa.

Este mundo.

Este miedo blanco 

que acorrala la respiración básica.

Esta disparidad.

Esta perplejidad.

Este desasosiego 

que anuda las partículas elementales de nuestras acciones.

Somos lo que somos y lo que hacemos para serlo y las ficciones que tejemos 

todas las tardes y también las desilusiones que nos encargamos de solventar 

con nuestras monedas sin valor.

Somos

Patéticas

Criaturas

Tristes

Si al menos hubiera fieras procurando nuestros cuerpos, todo sería diferente.

Adrenalina como gasolina.

Silencios y gritos de la misma textura.

Olores profundos para atraer.

Pero no.

Estamos en estado de natación en aguas abúlicas.

La insignificancia como insignia.


Gabriel Penner

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